Árboles, adornos y regalos… la Navidad ha llegado

Árboles de navidad, lucecitas de diversos colores en todas las calles, espumillón que cuelga de los cuadros de las casas, un Papa Noel que intenta trepar por el balcón, acebo en las puertas, turrones en cada bandeja, adornos predispuestos en cualquier sitio, cientos de niños cantando villancicos y los centros comerciales apestados de gente. La navidad ya está aquí. Nos guste o no, una vez al año todo se convierte en un paraíso idílico para dar rienda suelta al consumismo y las compras apresuradas.

Entiendo la felicidad de los niños, la sonrisa que se forma en su cara cada vez que abren un regalo dejado por los reyes magos; sin embargo aquellos que hemos dejado esa etapa muy atrás no podemos sino sentirnos contrariados con esa idea. El consumismo es la cruz de esta época festiva, con padres que no pueden llegar a final de mes pero intentar contentar a sus hijos, amigos o parientes dotándoles de aquello que más quieren. Colonias y juguetes son los anuncios más vistos en la navidad y los que nunca fallan cuando tienes que hacer un regalo. Cocinitas, barbies, coches, juguetes variados y los perfumes anunciados por las grandes estrellas marcharan para que alguien se encuentre más contento en el momento de abrir su regalo.

Las tarjetas navideñas o Christmas también son la cara y la cruz de estas fechas, según como lo interprete cada uno. Ahora con internet (y sus múltiples opciones) ya algunos ni siquiera sienten la necesidad de comprar una tarjeta, escribir y echarla al buzón. Sin embargo se escribe a personas con las que no hablas en todo el año, con las que ni has cruzado dos palabras seguidas y que en ‘Navidad’ sientes la necesidad de felicitarles las fiestas ¿acaso es imprescindible esperar para hablar decirle a alguien que lo necesitas, que le quieres o le echas de menos?

No es que tenga algo en contra de estas fechas, de hecho las celebró como cualquier otra persona pero si todos tuviéramos un segundo para reflexionar sabiamente, nos daríamos cuenta que el consumismo está ganando el pulso a la ilusión de los más pequeños de la casa y eso es lo que no tendría que cambiar, puesto que solo somos niños una vez y ese ensueño nunca volver a ser el mismo.

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